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Escapada a La Alcarria, con perdón del Nobel y la Provenza

Provenza
El año pasado recorrimos cientos de kilómetros para extasiarnos ante un cultivo, dicho así suena un poco bobo, pero si añado que se trataba de campos de lavanda quizás se entienda algo más. 

Recorrimos la Provenza tras los pasos dolientes de un Van Gogh sublime y un Cezánne enamorado de la luz, el agua y el perfumado ambiente de una de las regiones francesas más genuinamente mediterránea.

Y celebramos como niños pequeños (o japoneses) cada recodo del camino que descubría campos plenos de lavanda y superamos el zumbido sordo de los abejorros para caminar con cuidado entre los caballones y tratar de inmortalizar la sensación en cientos de fotos que siendo hermosas no reproducen esa alegría simple (similar al principio de una nevada) que te embarga, pero como siempre, las vacaciones terminaron y a pesar de traer con nosotros esencias, flores y recuerdos grabados al fuego de las tardes sofocantes bajo el estridente canto amoroso de las chicharras, los campos mágicos quedaron lejos.


Pero una vez más el tan traído "buscamos lejos lo que tenemos cerca" nos sorprendió al descubrir que aquí, en España, en la parte alta de La Alcarria tenemos una zona que cada julio se viste de púrpura y perfuma el aire con el inconfundible aroma del espliego, que es como allí se ha venido llamando a la lavanda. 

Así que pendientes de las páginas web y decididos a revivir la experiencia nos aseguramos de contar con entradas para el Festival de la lavanda de Brihuega y ésta es la crónica de un fin de semana que no puedo sino recomendarnos.

Tras mucho buscar establecimos nuestra base en Hita, el pequeño pero delicioso pueblo medieval que conocemos por el Arcipreste y su Libro de Buen Amor donde entre otras muchas cosas recomendaba enamorarse de aquella que "tenga el genio alegre y ardiente el corazón", "no duda" y "pide de todo la razón". 

No es la opción más cercana pero la distancia de apenas media hora a Brihuega se premia con un agradable viaje subiendo y bajando por el curioso paisaje alcarreño que combina campos de cereal con extensiones de flores amarillas, vegas de ríos que apenas se aprecian y pequeños pueblos con orgullosas iglesias.

Campos de flores de La Alcarria


Bodegas Casas de ValoisNos alojamos en las Casas de Valois, la apuesta decidida de un par de hermanos con una casa familiar enorme y mucho, mucho gusto (una de esas iniciativas apoyadas por los Fondos Europeos y que han permitido dotar de alojamientos turísticos a localidades en las que un hotel no sería viable, a la par que proporcionan otra vía de ingresos a quienes a pesar de todo siguen resistiéndose a abandonar su tierra).

A media tarde, acalorados por las altas temperaturas y aún sonriendo con un poco de maldad urbanita a costa de la parada en el Área 167 de Arcos de Jalón y su curioso bar, restaurante, hotel, tienda de productos locales y "establecimiento chino", tomamos posesión de Nairobi, nuestro apartamento ambientado en un África elegante, amplia y fresca. 

Spa Casas de ValoisAcompañados por uno de los hermanos recorrimos las instalaciones tomando buena nota de lo oportuno que es el lugar para una celebración familiar, sala de juegos, comedor, y la joya de la corona en un recodo de sus laberínticas y frescas bodegas, el pequeño spa del que hicimos refrescante uso.

De nuevo en la calle, en cuesta como todo Hita, recorrimos despacio la parte extramuros donde campa El palenque donde celebran justas medievales en los festejos más conocidos de la zona. 


Y sin prisa pero sin pausa, tropezamos, ya en los límites del pueblo con el Asador de Hita, donde contábamos con iniciar la parte gastronómica de la escapada con un asado tradicional, sin saber que sus responsables iban a sorprendernos con un local más que curioso, un servicio impecable y una cocina de gran calidad que no teme arriesgar sin olvidar las recetas básicas de la abuela.

Puerta de Muralla Hita
Para bajar la cena nada mejor que un paseo nocturno por la villa desde la plaza de la puerta de acceso, primorosamente restaurada y que se abre a un mirador precioso a la luz de unas estrellas que parecen relucir al vernos, hasta la Casa Museo del Arcipreste, cuestas y más cuestas de un pueblo orgulloso de su historia y cuidadoso con su apariencia, corona el pueblo las ruinas de un castillo que lo dominaba todo y que hoy es rendido por senderistas dispuestos a la conquista.

La mañana del sábado promete calor sin medida, pero sufridos turistas nos lanzamos a la aventura de disfrutar de los campos de lavanda antes de la cita con la Oficina de Turismo de Brihuega, así que con dispares indicaciones de GPS nos lanzamos por pequeñas carreteras de curvas y cambios de rasante hasta entrever ese tono uniforme entre morado, púrpura y violeta encajado como una pieza discordante en la colcha de retales de campos amarillos de cereales cosechados y zonas de barbecho, allí.. allí, la lavanda1.

Campos de lavanda La Alcarria España

Campos de lavanda BrihuegaEl primer contacto, el olor, el calor, el zumbido de los abejorros, la sorpresa de encontrar tanta belleza sin más preludio que un coche aparcado en el arcén. Las primeras fotos, las sonrisas, el aspirar, el roce cuidadoso sobre las flores, otro tramo, otra parada, este campo cercado y con un cartel, el otro algo más grande y más lejano, sin dejar de mirar por las ventanillas llegamos a Brihuega, que nos espera engalanada de morado y blanco consciente de ser un reclamo excepcional para una región no muy visitada.

Tal y como nos habían confirmado amablemente,  la visita guiada gratuíta comenzará a las 12:30 en la puerta de la antigua cárcel hoy convertida en Oficina de Turismo si se apuntan a ella 10 personas (lo que no parecen haber previsto es lo complicado de moverse con más de 60). 


Como tenemos tiempo y nos aseguran que la temperatura es más agradable, aprovechamos para visitar antes las cuevas del carnicero, que quizás no se llaman así, pero son de su propiedad. A la entrada nos espera para cobrar un par de euros por cabeza y asegurar que si nos perdemos no hay más problema que acabar siendo chorizos.



Emprendemos la bajada y la temperatura desciende con nosotros escalón a escalón hasta acariciarnos con helada mano, muy apropiada para la truculenta historia que mi amiga nos cuenta para justificar por qué le producen cierta incomodidad las enormes cántaras de vino y aceite que se allí se conservan, comprensible tras saber que la leyenda narra que una pobre mujer embarazada de quien no debía, optó por esconder a su bebé en una de ellas. 

Bodegas Brihuega



Con risas y sustos recorremos las cuevas tan bien conservadas como las de nuestro alojamiento y aún más amplias, destacan los miradores, las vueltas y revueltas y los arcos visigóticos de algunas zonas. 

Fuente Brihuega
La visita merece la pena a pesar del desolador contraste de temperaturas al salir, qué ganas de echarse al pilón, una de las muchas y hermosas fuentes con las que cuenta Brihuega.

Un poco en manada, un poco en fila india, las calles no son muy amplias, seguimos a la guía hasta la puerta medieval de Santa María que da acceso al Castillo de la Piedra Bermeja, hoy en restauración, y disfrutamos de sus explicaciones que se deslizan suaves de la historia y la arquitectura a la evocadora y romántica (?) leyenda.

Arcos entrada Iglesia de Santa María de la Peña Brihuega


Un poco más adelante la Iglesia de Santa María de la Peña de plena transición del románico al gótico, 


Museo de las miniaturas Brihuega


abandonando el recinto amurallado del Castillo, la plaza de Toros, el Museo de Miniaturas..



el Arco de Corazón, las ruinas de la Iglesia de San Juan... 

la visita guiada sigue adelante, pero nosotros nos rendimos, la promesa de algo fresco guía de nuevo nuestros pasos hacia la muralla donde el restaurante La Peña Bermeja nos espera.

Lo cierto es que emulando al Nobel habíamos pensado en comer en el restaurante Quiñoneros de quien dejó dicho que "preparan unas croquetas memorables, una coca de cebolla casi divina, una tortilla paisana diga de elogio a calzón quitado, una empanada de bonito que no la mejoran en ningún lugar del mundo, un queso frito en su punto y sazón, un costillar de corderito que remuerde la conciencia de bueno que está..." pero al igual que el alojamiento2, ya habían colgado el cartel de completo.

Pero no lo lamentamos nada, la ubicación, el espacio, la atención y la comida de la Peña Bermeja (también su aire acondicionado) nos encantan, desde el brie fundido con albahaca, las berenjenas en tempura, la sopa fría de melón, las chuletitas y la presa a la brasa hasta el helado de lavanda todo es un éxito de sabor y presentación. Una mezcla entre tradición y modernidad que aporta a cada plato unas notas diferentes a las esperadas.

Vistas desde la Fabrica de Paños Brihuega
Reconfortado el cuerpo y conscientes de que tanto exceso debe pagarse, emprendimos la subida, digna de una etapa reina del tour de Francia, hasta la Real Fábrica de Paños, un edificio del s.XVIII con puerta barroca de 1810, ejemplo de arquitectura industrial y que acogía el impresionante número de 84 telares en su curiosa planta circular. 

Hoy no se pueden visitar más que sus jardines, famosos por su ubicación dominando el conjunto de la ciudad y su diseño de parterres y cipreses adornados con farolas, cenadores y fuentes, así que nos dejamos llevar por su atmósfera de delicada decadencia.

Al límite de nuestra capacidad como turistas nos recogemos para una reparadora siesta y obedeciendo las indicaciones de nuestros anfitriones (el nivel de detalle las guías que ponen a disposición de los huéspedes es digno de una oficina de turismo) a las siete de la tarde estamos preparados para el plato fuerte de la escapada, el Festival de la Lavanda



Vestidos de blanco, con calzado cómodo y algo de abrigo3 para cuando caiga la noche, descubrimos que casi 3.000 personas entran realmente despacio por un pasillo estrecho abierto en un campo de lavandas.

La espera es amena, el aroma lo impregna todo, las hileras de lavandas parecen reclamar incesantes una foto tras otra y debo reconocer que criticar valorar las diferentes formas de interpretar la etiqueta para un evento en el campo dan para llegar sin aburrimiento al momento mágico de bajar la loma y contemplar uno de los escenarios más especiales que se puedan ver.

Hileras de sillas suben y bajan acompasando las oscilaciones del terreno, situadas junto a las matas tubulares de lavanda apenas dejan un diminuto espacio para pasar pero poco a poco se van llenado de personas que relucen de blanco bajo el sol que declina.

Encontramos acomodo en una fila al lado izquierdo4, muy cerca del límite del campo y esperamos entre fotos y miradas sorprendidas el inicio del concierto. Diego El Cigala va a cantarnos con esa voz suya, tan rota, profunda como limpia en ocasiones, tangos y boleros entre lavandas bajo un cielo que se pavonea inmenso y brillante.

El escenario apenas se adivina, una simple plancha poco más alta que las lavandas que la rodean, a sus lados torres de sonido que permitirán que su voz y la del piano de Jaime Calabuch "Jumitus" lleguen con facilidad a todo el auditorio, y una imponente encina o ¿será una sabina? como telón de fondo a una treintena de metros más allá y que se convertirá ,gracias a la iluminación, en un foco de magia.

El sol se va escondiendo, la lavanda se oscurece, su color se torna más profundo, el aroma más pesado, el aire más fresco y al fin las luces enmarcan el piano abierto y la banqueta alta a la que encarama ágil y elegante como un gato la figura trajeada de Diego El Cigala y el espectáculo da comienzo.

De la zambra al tango o el bolero pasando por temas tan conocidos como La vida loca de Pancho Céspedes, el artista se va gustando, se va mirando, se va queriendo y desgranando. Incluso trata de convencernos de nuevo que es posible querer a dos mujeres a la vez y no estar loco, y aunque ya la noche ha caído y el aire sabe a dulce abandono, sigo pensando que quizás no sea un loco quien a dos mujeres quiera, la locura es pensar que ellas van a desear amar a medio hombre entregándose enteras.

Así que con Bebo en la memoria y la piel erizada me dejo llevar por su Vete de mí,

Mira el paisaje del amor
Que es la razón para soñar y amar...
Yo, que ya he luchando contra toda la maldad.
Tengo las manos tan desechas de apretar,
Que ni te pueden sujetar
 Vete de mi...
Seré en tu vida lo mejor
De la neblina del ayer
Cuando me llegues a olvidar.
Cómo es mejor el verso aquel
Que no podemos recordar





El concierto termina tras un par de emocionados vises entre los que disfrutamos de su versión de El día que me quieras de Gardel y emprendemos el camino hacia la zona iluminada de la cena. Asusta un poco moverse casi en la penumbra en lentas filas entre los caballones de lavanda, pero finalmente llegamos. Parece que no menos de 800 personas han optado por la opción concierto y picnic buffet a la luz de las estrellas lo que explica las prisas de algunos.

El catering corre a cargo de Manolo Moreno y su equipo de La Cocina de Mallorca y pronto disipa cualquier duda sobre si vamos a cenar o quizás capturar una croqueta al vuelo. Bajo un emparrado de bombillas se distribuyen barras con bebidas a un lado, mesas a otro y curiosas estructuras de palés sobre las que se van depositando platos fríos y calientes a una velocidad que poco a poco consigue equipararse con el apetito de los comensales.

Gazpachos, ensaladas y ensaladillas variadas, arroces, pasta, migas, brochetas de carnes y pescados, bonito con pisto, mini hamburguesas, pepitos de lomo de diminuto tamaño...hasta llegar a la fruta pelada y partida, los pasteles y los exquisitos bombones. Un ejército de personal reponiendo y recogiendo que finalmente gana la batalla a los siempre presentes, pero perfectamente prescindibles reyes del acaparamiento foribundo.

Copas bien servidas, aire fresco, música suave y un cielo que compite con la luz eléctrica, la noche termina y en el paseo hasta el coche vamos tratando de atrapar la esencia de una noche irrepetible, aquí, cerca, en La Alcarria.


(el domingo nos llevó a Sigüenza, pero esa es otra historia)


Notas prácticas

El Festival de la lavanda se celebra normalmente un sábado de mediados de julio, estad atentos si queréis entradas porque el aforo es limitado.

1.- Quienes vienen de Madrid por la A II, no tienen más que salir en el 103 y recorrer unos pocos kilómetros para tropezar con los primeros campos.
2.- Alojamiento en Brihuega: Hotel Spa Niwa y   Hotel Princesa Elima
3.- Es conveniente llevar una botella de agua y no tener necesidad de acudir al WC. De igual modo, no olvidar alguna prenda de abrigo la temperatura baja significativamente.
4.- Mejor ubicarse en lado derecho según se mira al escenario si se tiene alguna limitación de movilidad y te vas a quedar a cenar

22 comentarios :

  1. Los campos de lavanda son espectaculares, pero es algo que se espera, te digo esto porque cuando me encontré con los campos de mimbre de Cuenca, que no me los esperaba, me quedé extasiada también son espectaculares, ese color rojo te fascina.

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    1. Tomo nota, es lo que tiene ser urbanita que todo lo normal para otros a mí me encanta.
      Un beso

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  2. Conozco los campos de espliego y las mimbreras, hablamos de unas zonas de España que son un espectaculo cambiante y siempre precioso. Me apunto algunos datos que has dado para cuando vuelva que no tardaré. Un abrazo

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  3. Precioso viaje y buenos datos para una posible escapada... Bessooosss

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  4. Un estupendo reportaje de esos lugares de La Alcarria, una bella comarca para muchos desconocida.
    Un abrazo.

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    1. Es tanto lo que me falta, que me encanta saber que siempre tendré algo nuevo por descubrir, quizás aquí mismo.

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  5. Gracias por compartir esa escapada.
    No conozco el lugar y parece que vale la pena.

    Besos.

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    1. Sin duda Toro, es un lugar precioso, casi mágico.
      Besos

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  6. Me ha gustado tu viaje, Pilar aunque yo donde tengo muchas ganas de ir es a la Provenza.
    De todas formas, ese final con la voz del Cigala, el atardecer y el aroma a lavanda, que me imagino, me ha parecido espectacular.
    Besos y qué suerte!

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    1. Hasta la Provenza nos marchamos el año pasado, si saco un buen rato, lo cuento para que te sirva de guía, eso sí de El Cigala nada.
      Un beso

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  7. El turismo de proximidad es un gran invento. precioso!!
    Saludos Pilar!

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  8. Un viaje estupendo, gracias por compartirlo.
    Los campos de lavanda son magníficos y encima,
    ¡con concierto incluido!.

    Espero la siguiente etapa, que es viajar un poco
    contigo aunque sea virtualmente.

    Besos y bienvenida de regreso

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  9. Lo cuentas tan estupendamente que casi se perdona el gentío. La Alcarria es una zona aún desconocida, a pesar de don Camilo, y siempre depara sorpresas. Gracias por presentarla así de sugestiva.
    Besos

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    1. Nos ha encantado y queda tan cerca que no descarto perseguir otros entornos, seguiré informando.
      Besos

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  10. ¡Qué maravillosa entrada! Precioso reportaje que invita al recorrer el lugar. Para tener en cuenta.
    ¡Feliz verano!

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    1. Me alegra que te guste,
      Feliz verano!!

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