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De la sal, Sigüenza


Sigüenza

Controlando el paso del alto Henares nos recibe Sigüenza, recortándose sobre el paisaje de bosque bajo la imponente silueta del castillo y al pie de la colina, no menos impresionante, la Catedral. En su historia dejaron huella celtíberos, romanos, visigodos y árabes pero es sin duda la Iglesia Católica la mano que más firmemente marca el espacio que nos espera, bajo un sol que perdona poco y anunciando que una vez más lo hermoso se descubre ascendiendo cuestas.   

Portada catedral de Sigüenza
Aún estamos aparcando cuando nos llaman de la Oficina de Turismo donde hemos concertado una visita guiada por la Ciudad Medieval y Renacentista, en esta ocasión nuestra presencia parece imprescindible para que se conforme grupo, así que aceleramos el paso hasta los pies de la Catedral y tras abonar los siete euros de rigor (aquí tienen más claro que al turista se le cobra el servicio, ya aprenderán en Brihuega) nos disponemos a disfrutar de la visita bajo la batuta de una guía comprometida con la belleza de lo que muestra y hábil comunicadora. 

lateral catedral de Sigüenza
A la sombra de la Catedral nos resume la historia de Sigüenza remarcando la idea de que la ciudad irá creciendo desde la vega del río hacia el Castillo y desde el Castillo a la vega acercándose edificio a edificio y elevando muralla tras muralla a medida que la vida las desborda.

La Sigüenza que vemos nace de la mano del Obispo Bernardo de Agen, nombrado por Alfonso XI, que la conquista a los moros y la convierte en floreciente Señorío Episcopal, dejando la impronta de la Iglesia Católica en cada esquina ya que aquí el Obispo es clérigo en la iglesia, señor en la ciudad y soldado en el campo de batalla, es decir que ostenta, apoyado en su Cabildo, el poder religioso, político, administrativo y judicial durante casi setecientos años hasta que poco antes de la desamortización de Mendizábal, el Obispo Juan Díaz de la Guerra lo revierta a la Corona, salvaguardando así para la Iglesia más de lo que otros señoríos consiguieron retener. 

Crucero Catedral de Sigüenza
Nos cuenta que son las rentas provinentes de las salinas que bautizan el río Salado las que permiten levantar gran parte de la Catedral iniciada en el siglo XII como fortaleza defensiva, de estilo románico y proseguida más tarde bajo las pautas del gótico. 

Su aspecto exterior es el de una fortaleza medieval, con dos fuertes torres cuadradas, pórtico románico y un imponente rosetón, razón por la que es conocida como la "Fortis Seguntina", la obra continuó hasta el s.XVI, aunque se siguió ornamentando hasta bien entrado el s.XVIII, y no se puede obviar al contemplar su interior (algo que haremos por la tarde) la importante restauración que llevó a cabo tras la guerra civil cuando resultó arrasada por integrantes de la alemana Legión Cóndor (detalle que olvidará el Deán cuando nos guíe por su interior).

Puerta del mercado o la cadena Catedral de Sigüenza
Rodeada de muros y torres, formaba un conjunto fortificado de aspecto guerrero, que no perderá hasta el siglo XV cuando el cardenal Mendoza decida derribar un lienzo de la muralla y crear un nuevo espacio diáfano donde celebrar el mercado semanal y los espectáculos públicos (desde los ajusticiamientos a los taurinos, muy apreciados por el pueblo ya que les permitía comer carne), diseñando así una de las más bellas plazas castellanas, la Plaza Mayor y desde su escalinata, al amor de una clemente sombra, apreciamos como se hace piedra el dicho de que el gótico cabalga sobre el románico. 

Plaza mayor de Sigüenza
De estructura rectangular, a uno de sus lados se alza una galería porticada que guarece de la lluvia y el intenso frío, hasta la Puerta del Toril, sobre la que se edificaron viviendas para el Cabildo que aún hoy lucen orgullosas sus escudos, enfrente casas nobiliarias como la del Mirador o la de la Contaduría, al norte limita con la Catedral en la que se abre la puerta del mercado y al sur se cierra con el edificio del Palacio de los Deanes, con doble hilera de arcos y galería, sede del actual Ayuntamiento.  

Ruinas Iglesia de Santiago
Ascendiendo por la Calle Mayor, alineada con el resto de las edificaciones encontramos la fachada de la Iglesia de Santiago, que en su momento dio servicio al adyacente Monasterio de las Clarisas, con su soberbia y trabajada portada abocinada con siete arquivoltas de diferente y delicado trazado, sostenidas por capiteles de hojas de acanto sobre media docena de columnas, en el tímpano, un medallón renacentista con el busto del Apostol Santiago y sobre el bloque de la portada, con restos de policromía, el escudo de armas del obispo don Fadrique de Portugal.  

Ruinas Iglesia de Santiago interior
El interior nos acoge en penumbra, no sólo por la estrechez de sus ventanas románicas sino por encontrarse en plena restauración y quizás dicho así suena a menos de lo que el visitante encuentra, ya que buscando, buscando, han dado con muros de la época árabe de la ciudad y se encuentra excavada más de siete metros de profundidad en casi en dos terceras partes de su superficie. 

La iglesia, como la Catedral quedó destrozada tras el paso de la aviación alemana en la Guerra Civil y ahora en manos de una asociación laica pelea por recuperar la serena belleza de su única nave en seis tramos con coro a los pies, que choca con los vibrantes restos de policromía del ábside. 

Puerta del Sol Sigüenza
Unos metros más arriba, frente a la Travesaña Baja, nos encontramos con la Puerta del Sol, que comunica la Calle Mayor con un Paseo de Ronda que debe ser muy agradable de recorrer a la caída de la tarde. A mano derecha, el Arquillo de San Juan o Puerta de la Travesaña Baja, situado en la zona de la judería, con un balconcillo corrido del siglo XVIII que acoge una imagen de la Virgen del Carmen.  

Más arriba, la imagen de la catedral se empequeñece a cada paso, mientras paseamos entre edificios de variopintos estilos y comercios atractivos. 

Frente a la iglesia de San Vicente y la Travesaña Alta, se abre la plaza que acoge uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad; la Casa del Doncel, hermoso edificio de estilo gótico civil, ubicado en el corazón de la ciudad medieval, a medio camino entre las Travesañas Alta y Baja, que señalan los límites de este esta zona. 

Casa del Doncel Sigüenza
La Casa del Doncel se empezó a construir en el siglo XIII aunque de sus primeros cimientos apenas quedan algunos restos en el sótano, debió ser completamente levantada entre la segunda mitad del siglo XV y principios del siglo XVI y de su larga existencia y sus ilustres propietarios nos hablan los blasones labrados en la fachada. Su aspecto de casa-torre se acentúa por las ventanas, las gárgolas y las almenas rebajadas de su aspecto defensivo por los cascabeles que las coronan. 

Decoración arco Casa del Doncel Sigüenza
Su interior, recientemente rehabilitado por la Universidad de Alcalá de Henares, muestra salones decorados con cenefas mudéjares, separados por bellos arcos de yeserías de idéntico estilo.  

Girando de nuevo a la derecha (y una rampa más hacia el Castillo) tropezamos con la plazuela de la Cárcel, la antigua Plaza Mayor que acogía los edificios civiles más importantes: la cárcel, el Ayuntamiento que luce en su portada el escudo de los Reyes Católicos que ordenaron su construcción y la posada del Sol. 
Plazuela de la cárcel Sigüenza
Aquí se celebraba el mercado, junto a la Puerta del Hierro, entrada principal de la ciudad dónde se cobraba el impuesto a las mercancías que entraban en la ciudad
Un último esfuerzo, al sol se une el firme cada vez más irregular, y alcanzamos la explanada donde se erige el Castillo, en su origen una alcazaba árabe ampliación de un pequeño castillo visigodo y un castro romano. Reconstruido en el año 1123 para servir de palacio-fortaleza y residencia de los obispos, señores de la ciudad durante siete siglos, sufrió el posterior abandono y los daños de la guerra que casi lo borraron del mapa precisando del impulso de Paradores Nacionales en 1976 para recuperar su grandeza. 

Parador Nacional de Siguenza
A pesar del esfuerzo, merece una visita(1), desde sus almenas se divisa el panorama completo de la ciudad. Una puerta en la muralla nos introduce en el patio de armas, provisto en su centro de un hondo pozo. En el interior destacan el Salón del Trono o Salón Rojo en el que impartían justicia los obispos, la capilla y una celda donde algunos dicen que vivió, hasta su destierro, Doña Blanca de Borbón, la esposa de Pedro I el Cruel, (cuya historia se confunde con la leyenda de su repudio en la noche de bodas) y la primera iglesia de Sigüenza, llamada de la Santa Cruz, construida en el siglo XII y con decoración mudéjar en su interior. 

Detalle arco Casa del Doncel Sigüenza
Desde esta atalaya se aprecian bien las explicaciones sobre los diferentes lienzos de muralla que fueron acogiendo nuevos barrios, siempre hacia o desde la catedral, alzando torreones como el de la calle del Peso para consolidar la vigilancia. 

La visita prosigue pero una vez más nuestro espíritu saciado deja hueco a nuestro mucho más mundano cuerpo y volvemos sobre nuestros pasos hasta la Casa del Doncel, ya que en sus bodegas nos espera nuestra opción gastronómica para hoy: el restaurante Nöla, toda una apuesta de vanguardia en un marco histórico. 

Calidad con guiños de alta gastronomía sin perder de vista productos de la zona, como la caza o la atrevida reinvención de platos tradicionales. Una carta correcta y varias opciones de Menú degustación nos permitieron combinar sorbos frescos como el salmorejo de tomate con centollo desmigado y brotes frescos, arroz meloso de corzo y perrechicos, raviolis rellenos de carne de nécora con fumet espumado de aromáticas, pollo de corral con higos o cordero deshuesado con crema de avellanas tostadas, cerrar la comida con una tradicional torrija rediseñada o con un gintonic de cítricos con crema helada de limón y un café (que a juicio de mis acompañantes no desmerecía en absoluto la calidad de la comida) Sin duda han sabido aprovechar su formación con grandes como Santamaría, Aduriz, Arzak o Berasategui. 

Sigüenza
Despacito (podéis ponerle música) vamos bajando y disfrutando las callejuelas que han de dejarnos al inicio de la segunda visita del día, la exposición que en su 500 aniversario el Museo Diocesano de Arte Antiguo y la Catedral le dedican a Cisneros con el curioso subtítulo De Gonzalo a Francisco, que hace referencia a su opción por la pobreza y severidad franciscana que acogió tras abandonar Sigüenza y antes de convertirse en el todo poderoso Cardenal Cisneros, la versión patria del vecino Richelieu, que le llevó a abandonar el nombre con el que estudió en Alcalá y Salamanca y bajo el que fue canónigo mayor de la Catedral de Sigüenza y alcalde mayor de la ciudad bajo el mandato de su mentor, el Cardenal Mendoza, para cubrirse con el humilde Francisco.

Sigüenza aprovecha la efeméride para rendir honores a uno de los hombres que más hizo por traer la Edad Moderna a la ciudad, apoyando la fundación de la Universidad, el Hospital de San Mateo, además de redactar ordenanzas municipales capaces de minorar tradicionales problemas como la subsistencia o la peste, permitiendo que ésta pasase de medieval a renancentista y favorece así la visita al profundamente restaurado Museo Diocesano. 

No puedo dejar de admirar al Cardenal Cisneros por su Biblia políglota, que tendremos el placer de ver la impresionante Sala Capitular, o su decidida apuesta por el nacimiento de un Estado Moderno, pero sinceramente no es un “prócer” de mi devoción, quizás por la influencia de la obra Juana I de España. La reina cautiva, de mi admirada Mery Varona, y sin duda por la extraña impresión que me causó su epitafio tan alejado como puede ser posible de la humildad del eremita franciscano a quien Isabel La Católica tomara como confesor:


Yo, Francisco, que hice edificar a las Musas un Colegio Mayor,
Yazco ahora en este exiguo sarcófago.
                     Uní la púrpura al sayal, el casco al sombrero,
                       Fraile, Caudillo, Ministro, Cardenal,
                    Junté sin merecerlo la corona a la cogulla
                   Cuando España me obedeció como a Rey.

Pero dejando ambiciones y misoginias a un lado, nos dirigimos a la Catedral, donde en la casi penumbra fresca hacemos resonar nuestros pasos por la girola, superpuesta a la planta primitiva de tres naves y crucero. El primitivo románico se conservan los pilares del crucero y los muros inferiores siendo ya inequívocamente góticos los muros superiores, el crucero, los rosetones y los ventanales del presbiterio y la nave central. 

Rosetón Catedral de Sigüenza 








Poco a poco, con cierta renuencia nos vamos congregando frente a la reja del principal atractivo de la Catedral; el sepulcro del Doncel, donde esperamos a que se presente nuestro guía, un deán algo cansado de pastorear turistas y que no nos permite deleitarnos ni con la magnífica portada, de comienzos del siglo XVI, netamente renacentista con labores platerescas, ni con la reja rematada con un frontón dedicado a la Adoración de los Magos. 

Ya en la capilla, de repente empequeñecida, nos indica los varios enterramientos de la familia de Martín Vázquez de Arce, más conocido como el Doncel, sus abuelos a los lados (en precario vertical al suelo), sus padres en el mausoleo de la zona central y un hermano un poco más allá. Ninguna escultura capta la atención más de un instante frente a la hermosa sepultura del Doncel, la anónima estatua de alabastro de un joven caballero reclinado sobre su sepulcro con grave y tranquila actitud, abismado en la lectura del libro que sujeta abierto entre sus manos. 

Sepulcro Doncel de Sigüenza

El realismo y su singular postura con las piernas cruzadas, el busto erguido y el brazo derecho apoyado sobre un haz de laurel nos hablan del ideal del caballero, culto y valiente a la par, un joven atrapado en piedra que parece pudiese cobrar vida. 

Reja del Coro Catedral de Sigüenza
Cuesta despedirse del caballero, pero abandonamos la capilla que queda cerrada al abrigo de quienes no quieran pasar por taquilla y cruzamos la nave central, admirando de pasada el imponente coro y entramos tras las impresionantes puertas en la no menos impactante Sala Capitular desde cuya bóveda nos contempla cientos de cabezas. 


Seguimos la visita y tras otra puerta imponente de esas de
Sala Capitular Catedral de Sigüenza
llaves gigantes, se nos abre el Claustro, de evidentes trazas góticas y que como siempre nos acalla en un instante pérdidas las miradas en su simetría, la belleza delicada de sus arcos y  el bucólico encuadre de su vegetación en la que un ciprés impone su esbelta presencia. En las salas que a él se abren el descubrimiento de un Greco original no consigue atraer más miradas que la exposición de las vestimentas de la serie Isabel que se exponen en el refrectorio, somos como somos. 

Claustro catedral de Sigüenza
Ya encaminados a la salida nos detenemos en la hermosa sala de tapices (que me recuerda que le debo una visita a los de la Seo de San Salvador en Zaragoza) y volvemos al templo.

Poca atención le dedicamos al impresionante tras coro y sus inmensas columnas salomónicas de mármol que protegen y empequeñecen la delicada talla gótica de la patrona de la ciudad, porque nos las roba todas el trabajo de encaje y preciosismo de una de las capillas laterales. 


Capilla lateral Catedral de Sigüenza

Aunque Sigüenza es mucho más, apenas nos hemos asomado a sus conventos extramuros, al influjo de la ilustración, a la Sigüenza comercial abierta al ferrocarril, a su época de cotizado retiro veraniego del que surgen villas, huertas y jardines, nos quedamos sin tiempo, pero nada mejor de dejar anotados espacios por visitar e historias por escuchar para desear volver.



1.- Alojarse en el Parador de Turismo de Sigüenza en una opción estupenda para sumergirse en un tiempo que pasó pero del que parecen llegarnos los ecos, sobre todo si paseamos despacio por su amplios salones o nos dejamos conquistar por el frescor de la caída de la tarde en su patio de armas.

1 comentario :

  1. Un recorrido magnifico, eres una buena guía que escenifica con detalle. Hace algunos años estuve en el parador y es cierto se estaba muy bien y el trato bueno. Un abrazo grande

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